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miércoles, 14 de enero de 2009

PALESTINA LIBRE


La Franja de Gaza es, desde hace hoy diecinueve días, el escenario de un genocidio sin precedentes, de una ofensiva militar totalmente indiscriminada y de un colosal atentado contra los derechos humanos y contra la dignidad, la libertad y la vida de las personas. Sin duda, uno de los peores capítulos de una de las guerras más antiguas y sangrientas de la historia.

La causa aparente del inicio de la ofensiva israelí fue el lanzamiento de cohetes kasam desde Gaza, de fabricación casera, que mataron a cuatro israelíes. El lanzamiento de estos cohetes es una práctica habitual por parte de los combatientes palestinos, lo que nos da una idea del potencial armamentístico de las milicias de la Franja. No obstante, detrás de este acontecimiento, que no es si no una excusa para justificar los ataques, se esconden los verdaderos intereses del conflicto: derrocar la hegemonía de Hamás en Gaza, la organización integrista que controla la región palestina. Los dirigentes de Hamás, abiertamente opuestos al Estado israelí, suponen una pequeña molestia para Olmert y su gobierno, y a la hora de bombardear e invadir el territorio de los palestinos y mostrar el poderío militar de Israel, cualquier excusa, por mínima que sea, es suficiente. Y no es que considere la muerte de cuatro personas un hecho poco relevante. Es solo que comparando ese número con el de combatientes palestinos que morían cada mes antes de que estallara esta ofensiva, resulta insignificante. Y digo antes de la ofensiva, porque comparar dicha cifra con el número de muertos palestinos en estos diecinueve días de ataques sobre Gaza me parece insultante.

Los muertos se cifran ya en más de mil, de los cuales más de cuatrocientos son niños. La mitad de las víctimas son civiles. Estos datos dicen mucho del respeto del gobierno israelí no ya por los derechos humanos en su conjunto, sino por el derecho más básico de todos: la vida de las personas inocentes, por no hablar de la dignidad de un pueblo que ha sido masacrado, robado y humillado desde la creación del Estado israelí.

Otra de las cuestiones más graves de este asunto es el apoyo a la ofensiva por parte de la opinión pública israelí y de la comunidad judía internacional. Que Olmert y su cuadrilla de asesinos digan que los ataques cesarán cuando ellos crean conveniente no es nada por lo que escandalizarse, pero sí lo es oír a un joven israelí con mujer e hijos decir que se lo merecían. Estamos ante el más absoluto desprecio e indiferencia por el sufrimiento del pueblo palestino, que ni siquiera puede recibir ayuda de otros países debido a las restricciones de las autoridades israelíes. Y el hecho de ver una manifestación multitudinaria en Londres a favor de Israel nos da una clara pista del camino que siguen la solidaridad y el respeto por los derechos humanos en el mundo.

Por todo esto, exigimos el inmediato cese de las matanzas israelíes en Gaza y, si no es así, la intervención activa de la comunidad internacional (un tanto ajena al asunto estos días) en la consecución de un alto el fuego duradero. Y aún vamos más allá: queremos justicia. Justicia para el pueblo palestino. Y eso significa detener el abuso israelí y juzgar a todos los cerebros y ejecutores de las masacres por crímenes de guerra, si bien es algo muy difícil teniendo en cuenta que el país más poderoso del mundo lleva años alimentando esa guerra en la sombra. Justicia y paz.

PALESTINA LIBRE.