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miércoles, 20 de mayo de 2009

Un intento fallido




Retomo el blog tras mucho tiempo sin escribir –diversos motivos me lo han impedido- para hablar sobre la recién estrenada película “Little Ashes” –haciendo referencia al cuadro de Dalí titulado “Cenicitas” y traducida en España como “Sin límites”. Se trata de una coproducción anglo-española dirigida por Paul Morrison que trata de desarrollar la compleja relación homosexual de Federico García Lorca y Salvador Dalí en la época en la que ambos se alojaban en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La distribución de la película ha sido muy limitada en Madrid, proyectándose en dos únicos cines: Ciné Cité Manoteras y Renoir Plaza España (en este último en versión original subtitulada).

Confieso que acudí a verla con la única intención de fundamentar mis críticas, pues lo que había oído de ella y visto en los trailers me la anunciaban como una película más interesada en el morbo sensacionalista que en narrar la verdadera historia de los dos artistas. Después de haberla visto, he de decir que me la esperaba peor, y procedo a analizar los aspectos más llamativos:

1. Contexto espacial: Aquí se encuentra una de las mayores debilidades de la película. Para empezar, a pesar de desarrollarse en Madrid está grabada en Barcelona, y aunque en otro tipo de películas eso no hubiera tenido mucha importancia, en esta se constituye como un error imperdonable al no haber reflejado el ambiente de cafés literarios y ambiente popular de los años veinte en Madrid. Por otra parte, la película está rodada casi en su mayoría en interiores, y no logra captar ese ambiente tan “madrileño” del que hablo.


2. Contexto histórico: Se ve a la legua que el guionista no estaba muy al tanto de la historia española o que tal vez no le interesara reflejarla en la película, lo cual a mi juicio constituye un craso error, ya que la realidad política de aquellos años tuvo una importancia capital en la vida y la forma de pensar de los intelectuales de entonces. Al comienzo, la película nos sitúa en Madrid, 1922; un Madrid “dominado por la religión, oprimido en todos los aspectos”. Pero no se nos dan más datos, ni se menciona que queda tan solo un año para que Miguel Primo de Rivera dé un golpe de Estado e instaure una dictadura que durará hasta 1930. Tampoco se hace referencia a la II República ni se explica como es debido el comienzo de la Guerra Civil en 1936. De esta forma, cuando los falangistas van a buscar a Lorca en su casa de Granada, no queda claro a qué se debe la detención ni quiénes son los autores de la misma –a no ser que conozcas previamente los hechos, como es mi caso.

3. Personajes: Comenzaré destacando la incongruente presencia de uno de los personajes principales, una tal Magdalena que estudia en la Residencia de Señoritas y que está enamorada de Lorca. Pero no solo eso, sino que además ocupa un lugar central en la trama y comparte una estrecha amistad con el poeta. En realidad, esta persona no existió; tal vez se han inspirado para crearla en Margarita Manso, una estudiante que compartió una experiencia sexual con Lorca. Pero me parece excesivo que se le dé tanta importancia a un personaje en el fondo inexistente y que ni siquiera se nombre a otros muy relevantes en la verdadera historia, como Pepín Bello o Rafael Alberti. De hecho, en la película solo aparecen los tres personajes centrales (Lorca, Dalí y Buñuel) y otros anónimos o inventados, cuando en realidad formaban parte de un grupo de amigos amplio y las relaciones sociales eran muy importantes en la Residencia, que a menudo parece desangelada y solitaria.



En cuanto a los actores, hay que destacar la gran caracterización de Javier Beltrán como García Lorca, en el aspecto físico. Sin embargo, el parecido termina ahí. El Lorca de la película es un ser silencioso, serio, con una excesiva formalidad que nada tiene que ver con la pasión andaluza que desbordaba el verdadero Lorca, tremendamente carismático y centro de atención de todas las reuniones. Lo que se nos presenta en la película es un Lorca bastante soso. Al actor que interpreta a Dalí, Robert Pattinson (conocido por su papel protagonista en “Crepúsculo” y por hacer de Cedric Diggory en “Harry Potter” le pasa lo contrario. Físicamente, no tiene nada que ver con el estrafalario pintor, pero su actuación es muy buena, según mi criterio, sobre todo en las escenas finales, cuando tiene que imitar las delirantes miradas de Dalí. Respecto al actor que hace de Buñuel, Matthew McNulty… no se parece ni física ni psicológicamente. El retrato que hacen de Buñuel es de un ser homófobo, bruto, casi salido de las cavernas. Si bien es verdad que el cineasta tenía un carácter fuerte, la forma de presentarlo en la película me resulta exagerada y hasta ofensiva.

4. Historia: Aquí hay numerosos errores (contar con la orientación de Ian Gibson no le habría venido nada mal al guionista), como el hecho de que Lorca se encuentre en la Residencia en el momento de la llegada de Dalí o que la persona que le acompañe antes de salir por última vez hacia Granada sea Buñuel y no Rafael Martínez Nadal; por poner algún ejemplo. También la lectura de los poemas lorquianos resulta en algunos casos errónea e incluso se llega a mezclar la “Oda a Salvador Dalí” con una parte del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. Sin embargo, hay que señalar un aspecto positivo: la forma en la que se ha tratado la relación entre Lorca y Dalí, sin alterar los hechos dando lugar al sensacionalismo, logrando captar esa intimidad tan especial entre ellos.


Conclusión: Lo que hubiera podido ser una buena película se ha estropeado por fallos en el guión y en la ambientación, principalmente, además de un desinterés por ceñirse un poco más a los hechos verdaderos. Contar con la aportación de Gibson hubiera sido interesante, insisto. No obstante, resulta curioso ver un intento de llevar a la gran pantalla a personajes tan interesantes como Lorca o Dalí y a una época tan fascinante como la Edad de Plata española. A los interesados en el tema, les recomiendo la serie de TVE "Lorca: la muerte de un poeta", dirigida por J.A. Bardem y protagonizada por Nicholas Grace. Esa sí es una buena producción.

viernes, 20 de febrero de 2009

Así murió un sueño



El pasado domingo 15 de febrero visité la exposición de la sala Conde Duque de Madrid titulada “La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en la Segunda República. Arquitectura y Universidad durante los años 30”. Se trataba de un interesante recorrido por los orígenes de la Ciudad Universitaria, proyectada en la primera etapa republicana, hasta el estallido de la Guerra Civil, que puso fin a un período de esplendor cultural e intelectual sembrando la desolación y la miseria más absolutas.

La Facultad de Filosofía y Letras fue diseñada gracias al trabajo del arquitecto Agustín Aguirre y del ingeniero Eduardo Torroja. Ambos trataron de crear un edificio moderno, con amplios espacios, grandes ventanales y vistas a la sierra; meticulosamente pensado para el uso docente y la investigación. Fue inaugurada el 15 de enero de 1933 por el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y dirigida por el decano Manuel García Morente, que tenía la idea de crear una de las mejores facultades del mundo. Y de hecho, lo consiguió. El nivel de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid era notablemente alto, algo a lo que contribuía, sin duda, la presencia de eminentes intelectuales de la Edad de Plata entre el profesorado. La Facultad se dividía en cuatro secciones: Filosofía, Letras, Historia y Pedagogía. Entre los profesores que allí impartieron clase se encuentran José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, María Zambrano, Julián Besteiro, Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Claudio Sánchez-Albornoz, Manuel Gómez-Moreno, Agustín Millares Carlo, María de Maeztu y tantos otros.

Las reformas de García Morente incluían cambios innovadores como la supresión de los exámenes por asignaturas, el establecimiento de la Licenciatura en Filología Francesa, la implicación de los estudiantes en la vida académica o responsabilizarlos del cuidado del edificio y su mobiliario.

En solo unos años, la Facultad logró un 40% de mujeres sobre el total de alumnos matriculados, una de las bibliotecas más importantes de España e iniciativas tales como intercambios de alumnos con el extranjero o un crucero por el Mediterráneo.

A todo este esplendor se puso fin en julio de 1936, cuando el ejército franquista intentó entrar en Madrid desde Ciudad Universitaria, apropiándose de la facultad de Arquitectura. Los republicanos, por su parte, se instalaron en la de Filosofía y Letras. En la exposición pudieron verse numerosos libros atravesados por balas, que los combatientes usaron como parapetos. Gran parte del edificio fue dañado, al igual que el resto del complejo universitario. Al finalizar la guerra, los avances que se habían conseguido en el terreno educativo se frenaron en seco, y hubo un retroceso cultural e intelectual. Muchos de los profesores partieron al exilio, y las mujeres que no habían logrado terminar su carrera tuvieron que hacerlo en el extranjero. Así murió un sueño.


En la exposición se pudieron contemplar numerosas curiosidades, como la reproducción de las aulas de la época, la voz de algunos de los profesores, una sección entera para Ortega y Gasset o la primera edición de “La voz a ti debida”, de Pedro Salinas. Junto al ejemplar, los apuntes de sus clases y una fotografía en la que aparece con un grupo de alumnas extranjeras, una de ellas la norteamericana Katherine Whitmore, con la que mantuvo un romance y que le inspiró para escribir su famosa trilogía amorosa.




En la construcción de la Universidad, hay que partir del estudiante, no del saber ni del profesor. La Universidad tiene que ser la proyección institucional del estudiante. (José Ortega y Gasset)

Hay que salir a alta mar y con la colaboración de todos crear una Facultad de Filosofía y Letras que pueda parangonarse con las más ilustres y respetadas del mundo. Tengo el convencimiento pleno de que así ha de ser. (Manuel García Morente)

martes, 16 de diciembre de 2008

Doble homenaje

Nunca ha existido un panorama cultural más rico en España que durante la Generación del 27, la llamada Edad de Plata. En mi opinión, incluso ha superado al mítico Siglo de Oro. El final de la década de los veinte y los años de la Segunda República fueron una época de esplendor cultural y artístico en la capital española. Los intelectuales españoles, junto con los franceses, se situaban a la cabeza de las vanguardias. Los cafés madrileños acogían a toda la pléyade de poetas, prosistas, críticos, dramaturgos, pintores, escultores... aunque las tertulias también tenían lugar en las casas de personajes distinguidos, como el poeta Vicente Aleixandre (en su casa de la calle Velintonia) o del cónsul chileno Carlos Morla Lynch, que residía enfrente del Parque del Retiro, y que publicó fragmentos de sus diarios agrupados bajo el título “En España con Federico García Lorca”. Últimamente se ha editado una versión más completa y resulta totalmente recomendable su lectura, pues Morla ha sabido plasmar en sus memorias la esencia de aquella época y de todos sus personajes, empezando por el propio García Lorca. Morla consigue humanizar a todos esos nombres que aparecen en los manuales de Literatura y que a menudo nos resultan tan distantes.

Sin embargo, algunos críticos defienden que el nombre correcto para referirse a esta etapa cultural española no es Generación del 27, sino Generación del 25. Luis Cernuda escribió un ensayo al respecto, en el que justificaba que 1925 fue el año en el que, aplicando una media sistemática, cada integrante de la Generación publicó su primera obra. Concretamente, en 1925 aparecieron “Tiempo”, de Emilio Prados; y “Marinero en tierra”, de Rafael Alberti.

La denominación de Generación del 27 fue idea de Gerardo Diego, que la llamó así en su famosa “Antología de la Generación del 27”. Escogió el año de 1927 porque en él se produjo un acontecimiento literario importante: el homenaje por el trescientos aniversario de la muerte de Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla, hace hoy exactamente ochenta y un años. El acto fue promovido por el célebre torero Ignacio Sánchez Mejías, a quien Lorca dedicaría su “Llanto”, y que siempre estuvo en contacto con los intelectuales del 27, llegando incluso a escribir obras de tono surrealista en sus últimos años de vida.



Hay un segundo motivo por el que el dieciséis de diciembre representa una fecha importante en la historia de la Literatura española. Hoy se cumplen ciento dieciséis años del nacimiento de Rafael Alberti Merello en el gaditano pueblo de El Puerto de Santa María, una noche de tormenta. El muchacho con vocación de pintor que, el mismo día en que murió su padre, descubrió que la poesía era su verdadero camino.

Y a partir de entonces, sin dejar de cultivar sus aficiones pictóricas, comenzó a cantar a su mar de Cádiz, ese del que le habían obligado a alejarse en su adolescencia. Gracias a su espíritu extrovertido y bondadoso, trabó amistad con el resto de integrantes de la Generación del 27 (Cernuda se le resistió). Afiliado al Partido Comunista, Alberti tuvo un papel destacado en la política y participó en las actividades de los Intelectuales Antifascistas durante la Guerra civil. Su desengaño amoroso con la pintora Maruja Mallo le sumió en una profunda melancolía de la cual surgió la desgarradora obra “Sobre los ángeles”. Pero poco después conoció a María Teresa León, la escritora que se convertiría en su amor eterno, y que le acompañaría durante su exilio a Argentina y Roma.

A su regreso a España, María Teresa comenzaba ya a sentir principios de alzheimer, y su memoria se fue deteriorando lentamente. Desde que ella murió, la soledad en la que quedó sumido Rafael le volvió vulnerable. Así fue como María Asunción Mateo se introdujo en su vida.

Hoy, resulta extremadamente complicado acceder a la obra de uno de los poetas más importantes de España, y también del mundo, y todo porque su heredera (Mª Asunción Mateo) exige precios elevadísimos. La hija de Rafael, Aitana Alberti, ha denunciado este hecho públicamente. Y es que realmente resulta triste que una obra tan sublime caiga en el olvido por intereses económicos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Ironías


Estos últimos meses, las polémicas sobre Federico García Lorca se suceden. En primer lugar, la exhumación del barranco de Alfacar donde supuestamente descansan sus restos –fijada por el juez Garzón para los días entre el 15 y el 18 de noviembre- ha sido paralizada. La familia del poeta no está dispuesta a dar su brazo a torcer tan fácilmente, y los familiares de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí –el maestro y el banderillero que fueron fusilados junto a Federico- tendrán que seguir reuniendo paciencia antes de recuperar los restos de sus seres queridos. Los descendientes de García Lorca solo han conseguido aplazar algo que se tendrá que llevar a cabo indefectiblemente, tarde o temprano. ¿Por qué retrasar lo inevitable? Los familiares del maestro y del banderillero ya han esperado suficiente.


Por otra parte, en las últimas semanas se ha venido desarrollando un llamativo caso de ignorancia mezclada con cinismo. Ha ocurrido en la Universidad de Granada, donde el poeta Luis García Montero (fotografía adjunta) imparte una asignatura sobre García Lorca. Otro profesor de la misma universidad, José Antonio Fortes, se dedicaba a predicar en sus clases barbaridades tan inmensas como que García Lorca era fascista y Francisco Ayala un aliado del fascismo. También criticaba a García Montero. Este procedió a publicar en El País un artículo que señalaba la tremenda falsedad de las afirmaciones de Fortes, al que calificó de profesor perturbado; lo cual le sirvió para que el aludido le denunciara por injurias graves. García Montero ha sido condenado a una multa por defender la dignidad de dos grandes escritores, y la suya propia.

Después de oír todo esto, nos asalta una duda principal: ¿cómo es posible que alguien pueda llegar a ser tan ignorante para hacer tales declaraciones sobre Lorca o Ayala? No se puede poseer unos mínimos conceptos históricos y afirmar que un poeta asesinado por el franquismo era fascista. Es más, resulta un insulto a la memoria de Federico. Él, que se declaraba del partido de los pobres, que celebró la llegada de la República, que defendió los intereses de los más necesitados, que describió las tragedias de las clases populares de Andalucía en su “Romancero gitano”. Cierto es que Federico procedía de una de las familias más ricas de Fuentevaqueros, su pueblo natal; y que lo más sencillo para él hubiera sido tener ideología de derechas. Pero su sensibilidad era más fuerte, y desde su juventud siempre se puso de parte de los pobres. Federico eligió el camino difícil, el camino que le llevó a una muerte estremecedora. Un tiempo antes de su fusilamiento, declaró que En Granada se encontraba la peor burguesía de España. Una declaración que los falangistas usaron como principal excusa para su asesinato, junto con su firma en diversos manifiestos comunistas. El 18 de agosto de 1936 Federico García Lorca fue asesinado por la Falange de Granada, después de sufrir en la cárcel diversas torturas. De nada sirvió la petición de clemencia de su amigo, el también poeta Luis Rosales, miembro de la Falange. El general franquista Queipo de Llanos respondió con la célebre y escalofriante frase Dadle café, mucho café, que sentenció al poeta. Y más tremenda resulta aún la declaración de uno de los asesinos de Lorca, que el mismo día de fusilarlo afirmó: Le he metido dos tiros en el culo por maricón. Se nos hiela la sangre al pensar en todo lo que Lorca debió sufrir por defender su ideología, por su forma de pensar; y no podemos evitar indignarnos ante los comentarios de cualquier ignorante que no conoce ni la historia de su propio país.

Y qué decir de Francisco Ayala, exiliado desde el triunfo del franquismo hasta 1960. Cualquier comentario sobra. Visto así, las palabras de este tal Fortes resultan una triste ironía que atenta no solo contra la memoria de dos grandes escritores, sino contra la dignidad de todo un pueblo que sufrió la represión franquista. Qué daño pueden hacer a veces este tipo de ironías. García Montero se merece todo mi apoyo.

viernes, 17 de octubre de 2008

"gallo" cumple 100 años


Hasta el 30 de noviembre, la Residencia de Estudiantes abre sus puertas para ofrecernos una interesante exposición en torno a gallo, la revista granadina fundada en 1928 por el mismísimo Federico García Lorca, junto a otras personalidades tan célebres como Salvador Dalí, que fue el encargado de dibujar el membrete para la papelería de la revista. Además de las colaboraciones de Dalí, participaron numerosos poetas de la Generación del 27 como José Bergamín, Jorge Guillén, Francisco Ayala o Melchor Fernández Almagro. Es interesante también descubrir en el segundo número un fragmento de la novela que Francisco, el hermano de Federico; nunca llegó a terminar.

Las colaboraciones de la revista abogaban por un nuevo tipo de Arte, por dejar atrás las convenciones ya caducas por las que se movían los putrefactos de Dalí. Destaca el Manifiesto Antiartístico editado en el segundo número, que causó verdadera polémica entre sus autores (Salvador Dalí, Sebastià Gasch y Lluís Montanyà) y otros célebres poetas como Pedro Salinas, al que le resultaba inadmisible. En el Manifiesto se defendían los presupuestos estéticos del antiarte, la poética de la modernidad, el maquinismo, los productos estandarizados, las artes industriales como la fotografía o el cine, la música de jazz, los deportes, etc., frente a las ideas de lo artístico y la belleza heredadas de la tradición.

La revista solo vio editados dos números, porque a pesar de proyectarse el tercero García Lorca había perdido interés, y las constantes insistencias de sus amigos en Granada para que les enviara nuevos escritos fueron en vano. Federico cosechaba por entonces el brutal éxito de su Romancero Gitano, y además se hallaba inmerso en una crisis sentimental a raíz de la relación con el escultor Emilio Aladrén. Y al verse privada del espíritu lorquiano que la mantenía a flote, la revista gallo no llegó a editar su tercer número. A pesar de ello, gozó de gran fama durante su fugaz vida, saliendo a la luz Pavo, otra revista que representaba una crítica burlesca, detrás de la cual estaba el propio Lorca. En Orihuela, el ultracatólico Ramón Sijé fundó otra réplica: El Gallo Crisis, de argumentos conservaduristas totalmente opuestos al gallo lorquiano.


Asistí a esta exposición el pasado lunes 13 de octubre, y quedé bastante admirada, puesto que no solo se exponen las ediciones de la revista gallo y los textos que en ella se incluyen, sino también numerosos manuscritos originales, cartas personales, ediciones de revistas literarias tan importantes como Mediodía o Litoral, fotografías de la época, cuadros de Picasso, Dalí, Ismael Gómez de la Serna, Manuel Ángelez Ortiz, etc.; dibujos del propio Lorca y de Dalí (sí, los famosos putrefactos en vivo y en directo)… Todo ello en un lugar que aún destila los ecos de aquellas alegres reuniones de intelectuales: los improvisados conciertos de piano de Federico, las graciosas ocurrencias de Pepín Bello, el juego de los anaglifos, la Sagrada Orden de Toledo de Luis Buñuel, el joven Dalí antes de corromperse, y tantos y tantos sueños compartidos sobre la que Juan Ramón Jiménez llamó La Colina de los Chopos.



[...] Hemos celebrado la ascensión del gallo al título de esta revista haciéndole bordar cuatro gallinas de seda rutilantes, para que su pico guste ardiente fruta de zigzag en la evocadora madrugada oscura de la imprenta. Mientras mis amigos aplaudían, yo escuchaba emocionado la sonrisa de don Alhambro, que me llegaba envuelta en el denso algodón en tronco de la sepultura.

Canta, gallo, regallo y contragallo.

Canta seguro bajo tu sombrerito de llamas, porque una de tus gallinas puede ser muy bien la gallina de los huevos de oro.



Federico García Lorca, "Historia de este gallo"

domingo, 21 de septiembre de 2008

Recordando un olvido


Un 21 de septiembre tal como hoy, en 1902; Sevilla vio nacer a uno de los poetas más sublimes de la Historia. Fue en la calle Conde de Tójar (hoy Acetres), en el número 6. Desde su más tierna infancia, rodeado de un padre militar demasiado autoritario y una madre demasiado débil, Luis Cernuda hubo de hacer frente a la realidad, esa que a la vez odiaba y amaba. Las circunstancias vitales hicieron de él una persona hipersensible, patológicamente tímida, dada a la depresión y en ocasiones algo infantil. Se refugió en el dandismo para disfrazar sus inseguridades. Nunca dejó de ser el eterno adolescente.

Si bien tuvo a lo largo de su vida algunos amigos verdaderos, no fue fácil para él enfrentarse a un mundo que todavía olía demasiado a incienso, en el que su homosexualidad (que demostrando una gran valentía, nunca ocultó) desagradaba a muchos.

Miembro de la llamada Generación del 27 (para él, Generación del 25), Luis Cernuda se convirtió en uno de los poetas más influyentes en los últimos tiempos, y también escribió interesantes ensayos de crítica literaria, prosa y teatro. Su obra La realidad y el deseo constituye una autobiografía poética de su complicada existencia, de su desengaño hacia el amor y su intento de olvidar a su Arcángel, Serafín F. Ferro, el muchacho que le rompió el corazón. Finalmente, extrae la conclusión de que el olvido es imposible, pues cuando termina el amor lo que queda es el recuerdo de un olvido.


En su prosa poética o narrativa, así como en sus obras de teatro; Cernuda se identifica a sí mismo con sus personajes. De este modo, se convierte en Albanio o Lelio; y precisamente es en algunas de sus descripciones donde podemos hallar su visión sobre sí mismo. Resulta inevitable transcribir aquí el fragmento de Una comedia inacabada y sin título en el que la Gitana lee la mano de El Silfo:


Te juzgan mal y sufres por eso. Eres de nieve por fuera y de llama por dentro. Quien te toca se hiela mientras tú te abrasas. No sabes querer y estás queriendo siempre; no sabes vivir y estás vivo. Tu sitio no está en ninguna parte; siempre desearás un lugar diferente. Eres el extranjero.


viernes, 19 de septiembre de 2008

"Que todos sepan que no he muerto"


Aquella trágica madrugada del 18 de agosto de 1936, el poeta Federico García Lorca fue vilmente fusilado por los falangistas, y enterrado en una fosa común situada en el término municipal de Alfacar, muy próxima al barranco de Víznar, en un lugar conocido como Fuente Grande (fotografía). Junto a él yacen también los cuerpos de las personas que lo acompañaron durante sus últimas horas de vida: el maestro republicano Dióscoro Galindo y dos famosos banderilleros de la CNT: Francisco Galadí y Juan Arcolla.

Dióscoro Galindo, conocido como el maestro cojo, se había formado en la Institución Libre de Enseñanza, participó en las Misiones Pedagógicas de la II República y llevó a la práctica la enseñanza laica en su pueblo, Pulianas. También participó en las elecciones de 1936 de su pueblo, representando al Frente Popular en la mesa electoral. Por todo ello se ganó la enemistad de los sectores más conservadores, que no tardaron en señalarlo como rojo al comienzo de la Guerra civil.

Francisco Galadí y Juan Arcolla eran dos célebres banderilleros granadinos de la época, que militaban en la CNT-FAI y que colaboraron en la resistencia del Albaicín para hacer frente a los sublevados; siendo detenidos tras la caída del barrio. Pasaron sus últimas horas junto a Federico y a Dióscoro en La Colonia, un cortijo granadino destinado a albergar a los condenados a muerte por los franquistas.

Desde que se llevaron a cabo con éxito estudios para localizar el emplazamiento exacto de la tumba de Federico y sus compañeros, las familias de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí han tratado por todos los medios de conseguir el permiso para exhumar los cadáveres de sus familiares, chocando siempre con la negativa de los herederos de García Lorca, que no estaban dispuestos a que se organizara un espectáculo mediático. Sin embargo, hace unos días que los García Lorca han dado su consentimiento, alegando que no impedirán exhumar los restos de Federico, aunque no les gustaría, ya que consideran que podría desvirtuar la memoria del poeta. La familia entiende que hay más partes implicadas, que Federico no es la única persona enterrada allí y los familiares del maestro y el banderillero están en su derecho de recuperar los restos de sus antepasados. A pesar de dar su permiso, insisten en que tras la exhumación no tienen intención de trasladar los restos del poeta, que esa fosa común es ya su tumba y la de otros miles de víctimas del franquismo.

Pero la polémica sigue abierta. El investigador Ian Gibson, célebre estudioso de Lorca y descubridor del lugar exacto de la fosa común; opina que lo más importante es la verdad histórica, tener la certeza de que Lorca se halla allí enterrado. Por su parte, personajes conocidos del ámbito literario como Francisco Ayala, Luis García Montero, Javier Marías o Caballero Bonald; están de acuerdo con la familia de Lorca y opinan que se deberían dejar los restos del poeta reposando para siempre en lo que ya se puede considerar un cementerio, que andar trasladándolos no sirve de nada, y además Federico representa todos los muertos allí enterrados.

http://www.elpais.com/videos/espana/familia/Lorca/acepta/abrir/fosa/comun/elpvidnac/20080918elpepunac_7/Ves/


Se ha de entender tanto una como otra postura. Los familiares de los otros asesinados están en todo su derecho de recuperar los restos de sus antepasados, y los herederos de García Lorca lo están de temer una posible mediatización de la exhumación del poeta. En cualquier caso, se ha de evitar que estos crueles asesinatos caigan en el olvido. Tal vez lo más acertado sería que Federico García Lorca descanse para siempre junto a la fuente que sigue manando sus lágrimas en memoria de todos aquellos crímenes absurdos, pero si esto es así, que una simple piedra no sea lo único que señalice este lugar. Uno de los poetas más grandes de la literatura española se merece algo más. Se merece que todos sepan que no ha muerto.


Quiero dormir el sueño de las manzanas
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que haya un establo de oro en mis labios;
que soy un pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.


Federico García Lorca, “Gacela de la muerte oscura”

jueves, 28 de agosto de 2008

Los putrefactos



“El putrefacto, como no es difícil deducir de su nombre, resumía todo lo caduco, todo lo muerto y anacrónico que representan muchos seres y cosas.

Dalí cazaba putrefactos al vuelo, dibujándolos de diferentes maneras. Los había con bufandas, llenos de toses, solitarios en los bancos de los paseos. Los había con bastón, elegantes, flor en el ojal, acompañados por la bestieHabía el putrefacto académico y el que sin serlo lo era también. Los había de todos los géneros: masculinos, femeninos, neutros y epicenos. Y de todas las edades […]”

Rafael Alberti, La arboleda perdida.


¿Qué mejor que escribir un artículo sobre la sociedad misma para inaugurar una serie de textos sobre ella? He aquí una preciosa redacción sobre lo bella que es la vida, la grandeza de la amistad, la paz, el amor y otros inventos hippies. Para quien no haya detectado aún el sarcasmo, me comprometo a intentar dar al texto el tono más realista (que no pesimista) que me sea posible.
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Cuando se es pequeño, todo es en blanco y negro: solo hay malos y buenos, amigos y enemigos, verdades o mentiras. Después, aparece toda la gama de colores: la indiferencia, la hipocresía, las verdades a medias y todo tipo de prejuicios que nos producen a todos la desagradable sensación de estar viviendo una vida de papel, o peor, una gran mentira. Lo que muchos no descubren nunca es que ellos también se han dejado corromper y son, como dijeron los caballeros del 27, putrefactos.


Toda persona que se haya parado a pensar alguna vez en la sociedad (enhorabuena si lo habéis hecho) se habrá dado cuenta de que se puede distinguir entre dos tipos de sociedades, aunque íntimamente relacionadas: el ámbito global, es decir, el Estado, la Iglesia, la guerra y el poderoso caballero; y el ámbito cotidiano, la gente de nuestro alrededor. En ambos casos dominan los putrefactos.


El ámbito global, que curiosamente el más simple, es el que condiciona nuestras necesidades básicas como personas. Podríamos decir que es aquel del que dependen nuestras vidas. Y nuestras vidas dependen del dinero, el poder y la religión, manifestados en unos cuantos seres despreciables e ignorantes que buscan satisfacer su avaricia dando la espalda a las más de seis mil millones de vidas de las que son responsables. No creen en la libertad, ni en la paz, ni en la verdad, ni en el respeto; solo creen en ellos y en sus bolsillos, y si para llenarlos tienen que masacrar un país, matar a millones de inocentes y destruir toda la cultura, el desarrollo y, en definitiva, la vida de dicho lugar, no muestran ningún reparo en hacerlo, como ya se ha demostrado tantas veces a lo largo de la historia. Y en cuanto al objetivo del milenio, erradicar la pobreza en el mundo… todavía nos quedan 992 años, hay tiempo para seguir sembrando muerte y odio.


El otro ámbito, el cotidiano, admite un estudio mucho más profundo. No deja de ser curioso que haya tanta gente en el mundo que piense de forma distinta y que todos tengamos un comportamiento tan similar. La sociedad de a pie se rige por el egoísmo y la hipocresía, la ignorancia, la mentira y el rechazo a los que son diferentes. La amistad y el amor no son más que cuentos de hadas; lo peor es que la niebla de las apariencias es tan densa que no nos deja ver la realidad. Y si las apariencias nos agradan, ¿qué necesidad hay de ver más allá? Pues si alguna vez habéis visto lo que hay detrás de la niebla, os habréis dado cuenta de que la gente de hoy no piensa por sí misma, sino que es la ignorancia que domina la sociedad la que impulsa todos sus actos. ¿Amistad? ¿Amor? En esta vida nada es gratis, tampoco el cariño. No hay mucha gente capaz de querer a alguien desinteresadamente, y si son capaces de hacerlo lo van a pasar mal, a no ser que se dejen corromper. Pocos son los que en algún momento de su vida se plantean cómo te sientes siendo víctima de su engaño, de su indiferencia…


¿Es que ya no queda nadie noble en el mundo? ¿Es que ya nadie está preparado para ser un amigo de verdad? ¿Es que ya nadie piensa en nadie aparte de en sí mismo? Por desgracia, si queda alguien noble, desinteresado y sensible en el mundo, va a sufrir mucho en la vida. Puede que no os salga rentable ser personas auténticas y pensar aunque solo sea una vez en vuestras miserables vidas que no sois los únicos en el mundo, que hay gente que ríe y llora por vosotros, pero debéis luchar, pues sois la última esperanza en este mundo decadente y deshumanizado. Aunque si os viene grande la empresa, ellos os acogerán con los brazos abiertos.
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Dibujo de Pepín Bello*
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Autor: Juan

lunes, 18 de agosto de 2008

El crimen fue en Granada...


Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio!. ¡A callar he dicho! ¡Nos hundiremos todos en un mar de luto! ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio!

Federico García Lorca, “La casa de Bernarda Alba”



Desgarradoras palabras. La muerte hay que mirarla cara a cara. A Federico no le quedó más remedio, puesto que a día de hoy, han pasado setenta y dos años desde que los cobardes falangistas granadinos lo fusilaron bajo un olivo en los límites del pueblo de Víznar. ¿El motivo? Demasiados para ellos: sus ideas socialistas y republicanas, su homosexualidad, sus revolucionarias obras, la envidia que generaba su popularidad y su brillante carisma.

Y es que Federico siempre tuvo duende. Su corta vida constituye una historia de pasión, alegría y oscuridad profunda, esa tormenta interior que guardaba bajo la aparente despreocupación. Sí, él era el príncipe de la Generación del 27; con su sola presencia era capaz de llevar la alegría como una nube perfumada y contagiarla entre los que tuvieran la suerte de escucharlo. Sus numerosos amigos decían que esa característica suya a veces le asemejaba inmortal. Federico, excelente músico; animaba las reuniones de su generación tocando en el piano canciones populares que hechizaban al personal.

Sin embargo, en su interior sufría, por su imposible historia con su amado Dalí, por la pobreza del pueblo español, por la terrible fama que generaba ser homosexual en una sociedad que apestaba a incienso, por el ansia de un amor infinito y puro que jamás ha existido. Y por encima de todo, temía la muerte; quizá porque presentía que iba a acompañarle pronto, demasiado pronto. Lo que más me importa es vivir, diría.

Cuando, en julio de 1936, el levantamiento en España resultaba inminente; sus amigos le recomendaron quedarse en Madrid, donde se hubiera salvado. Sin embargo, Federico volvió a su Granada natal, y fue allí donde los sublevados pusieron fin a su vida la madrugada del 18 de agosto, a los treinta y ocho años. ¿Su delito? Por encima de todo, ser poeta.

Lo que sus vulgares asesinos jamás entenderán es que, a pesar de haber acabado con su vida, su obra y sus ideas han pasado a la eternidad, y Federico será para siempre un ejemplo de poeta y de persona que cree en sus ideales. ¿No escucháis los acordes de su piano, resonando aún en la distancia…?


ALMA AUSENTE

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Federico García Lorca, “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”