miércoles, 31 de diciembre de 2008

"La Navidad no es una fecha... Es un estado de la mente".



"La Navidad no es una fecha... Es un estado de la mente".

Un año más las calles se llenan de luces de colores, vuelven la lotería y las especialidades Ferrero -¡ah, no! ¡Si llevan a la venta desde el verano!- y gigantescos Papás Noeles “adornan” los balcones y terrazas de las casas en estas señaladas fechas.

Pero ¿qué fechas son estas? Ya, estamos en Navidad, aunque seguro que la Navidad no tiene el mismo significado para todo el mundo: hay quien dice que estas fiestas son puramente religiosas (los más meapilas), y que solo deberían celebrarlas aquellos que van a misa los domingos y siguen la doctrina de la fe cristiana (“Y tú, ¿por qué tienes Reyes? ¡Si no eres creyente!”); otros sostienen que la Navidad es una época para pasarla en familia y solidarizarse por unos días con todos los males e injusticias que asolan a nuestra sociedad (lo llaman espíritu navideño); también hay gente para la cual estas fechas significan juerga permanente, elegantes trajes, adornos desmesurados y el feroz consumismo de las llamadas “compras de Navidad”; y otros simplemente afirman no sentir nada especial por la Navidad. Quienes sostienen esto último mienten, o al menos no son del todo sinceros, pues, en el fondo, estas fechas significan algo para todos, puede ser un sentimiento más o menos intenso, de alegría, de nostalgia, de soledad, de cariño… pero un sentimiento al fin y al cabo.

Para mí, la Navidad es una época especial, y no porque me guste estar con la familia, ya que siempre me agrada disfrutar de su compañía; no porque me acuerde de todos los desamparados de este mundo, pues creo que la solidaridad no está reñida con la época del año en la que uno se encuentra; no por los regalos, por las cenas, por los adornos, no. Y mucho menos por la cristiana hipocresía que a muchos asalta en estas fechas. Nada de eso. Tal vez en un principio esta fiesta tuviera un significado religioso, pero hoy día poca gente reza más a su dios que en otras fechas cualesquiera. Para mí la Navidad es una época en la que te das cuenta de la gente que te quiere, y te sientes afortunado por ello, y disfrutas de la compañía de tus seres queridos, y reflexionas sobre lo que has hecho bien ese año, y sobre lo que tienes que mejorar para el próximo. Y si esto es así para los demás también, ¿por qué no hacer que sea Navidad todo el año? Y no me refiero a engalanar Preciados, Sol y alrededores de luces y guirnaldas, sino al fondo de la cuestión: el espíritu navideño.

Pero la triste verdad es que, aun en Navidad, el mundo es igual que siempre: los ricos siguen siendo ricos, los pobres siguen siendo pobres, las guerras siguen siendo guerras, y los abusos de poder e injusticias sociales siguen siendo… eso, abusos e injusticias. Y todo esto a pesar de ese espíritu navideño que a todos nos invade y que nos hace más buenos, más justos, más cariñosos…

Con el tiempo la Navidad se convertirá en un mero negocio, pero eso sí, muy rentable, y una alegre fecha para las arcas de las grandes empresas y de los grandes almacenes. Y eso es porque en este mundo todo tiene precio… Incluso el espíritu navideño.

Quiero no obstante mandar un saludo y un fuerte abrazo a la gente que no ha perdido el verdadero espíritu navideño, el cual debería vivir en todos nosotros durante todo el año. Y a los demás… pues también. Aunque se hayan vendido a Babylon, ¡qué demonios, es Navidad! A todos unas felices fiestas y un próspero año nuevo, y esperemos que el próximo lo sea realmente para todos los ciudadanos del mundo, algo desgraciadamente utópico, pero por lo que vale la pena luchar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Doble homenaje

Nunca ha existido un panorama cultural más rico en España que durante la Generación del 27, la llamada Edad de Plata. En mi opinión, incluso ha superado al mítico Siglo de Oro. El final de la década de los veinte y los años de la Segunda República fueron una época de esplendor cultural y artístico en la capital española. Los intelectuales españoles, junto con los franceses, se situaban a la cabeza de las vanguardias. Los cafés madrileños acogían a toda la pléyade de poetas, prosistas, críticos, dramaturgos, pintores, escultores... aunque las tertulias también tenían lugar en las casas de personajes distinguidos, como el poeta Vicente Aleixandre (en su casa de la calle Velintonia) o del cónsul chileno Carlos Morla Lynch, que residía enfrente del Parque del Retiro, y que publicó fragmentos de sus diarios agrupados bajo el título “En España con Federico García Lorca”. Últimamente se ha editado una versión más completa y resulta totalmente recomendable su lectura, pues Morla ha sabido plasmar en sus memorias la esencia de aquella época y de todos sus personajes, empezando por el propio García Lorca. Morla consigue humanizar a todos esos nombres que aparecen en los manuales de Literatura y que a menudo nos resultan tan distantes.

Sin embargo, algunos críticos defienden que el nombre correcto para referirse a esta etapa cultural española no es Generación del 27, sino Generación del 25. Luis Cernuda escribió un ensayo al respecto, en el que justificaba que 1925 fue el año en el que, aplicando una media sistemática, cada integrante de la Generación publicó su primera obra. Concretamente, en 1925 aparecieron “Tiempo”, de Emilio Prados; y “Marinero en tierra”, de Rafael Alberti.

La denominación de Generación del 27 fue idea de Gerardo Diego, que la llamó así en su famosa “Antología de la Generación del 27”. Escogió el año de 1927 porque en él se produjo un acontecimiento literario importante: el homenaje por el trescientos aniversario de la muerte de Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla, hace hoy exactamente ochenta y un años. El acto fue promovido por el célebre torero Ignacio Sánchez Mejías, a quien Lorca dedicaría su “Llanto”, y que siempre estuvo en contacto con los intelectuales del 27, llegando incluso a escribir obras de tono surrealista en sus últimos años de vida.



Hay un segundo motivo por el que el dieciséis de diciembre representa una fecha importante en la historia de la Literatura española. Hoy se cumplen ciento dieciséis años del nacimiento de Rafael Alberti Merello en el gaditano pueblo de El Puerto de Santa María, una noche de tormenta. El muchacho con vocación de pintor que, el mismo día en que murió su padre, descubrió que la poesía era su verdadero camino.

Y a partir de entonces, sin dejar de cultivar sus aficiones pictóricas, comenzó a cantar a su mar de Cádiz, ese del que le habían obligado a alejarse en su adolescencia. Gracias a su espíritu extrovertido y bondadoso, trabó amistad con el resto de integrantes de la Generación del 27 (Cernuda se le resistió). Afiliado al Partido Comunista, Alberti tuvo un papel destacado en la política y participó en las actividades de los Intelectuales Antifascistas durante la Guerra civil. Su desengaño amoroso con la pintora Maruja Mallo le sumió en una profunda melancolía de la cual surgió la desgarradora obra “Sobre los ángeles”. Pero poco después conoció a María Teresa León, la escritora que se convertiría en su amor eterno, y que le acompañaría durante su exilio a Argentina y Roma.

A su regreso a España, María Teresa comenzaba ya a sentir principios de alzheimer, y su memoria se fue deteriorando lentamente. Desde que ella murió, la soledad en la que quedó sumido Rafael le volvió vulnerable. Así fue como María Asunción Mateo se introdujo en su vida.

Hoy, resulta extremadamente complicado acceder a la obra de uno de los poetas más importantes de España, y también del mundo, y todo porque su heredera (Mª Asunción Mateo) exige precios elevadísimos. La hija de Rafael, Aitana Alberti, ha denunciado este hecho públicamente. Y es que realmente resulta triste que una obra tan sublime caiga en el olvido por intereses económicos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El best-seller mató a la estrella de la Literatura


El pasado viernes 5 de diciembre se estrenó en la cartelera la película “Crepúsculo”, inspirada en la exitosa novela de Stephenie Meyer. Se trata de la primera entrega de una saga compuesta de cuatro libros: "Crepúsculo", "Luna nueva", Eclipse" y "Amanecer"; que ya se ha convertido en un auténtico fenómeno mediático, como ocurrió con la célebre saga de Harry Potter. En cuanto al argumento, se centra en una historia de amor entre Bella Swan, una adolescente independiente y solitaria, y Edward Cullen, un vampiro que se niega a alimentarse de sangre humana; todo desarrollado en un ambiente de instituto al más puro estilo norteamericano, intercalando también una trama propia de literatura fantástica.

Los que hayan tenido ocasión de asistir al cine el día del estreno se habrán encontrado con un espectáculo que casi supera al de la propia película: decenas de fervorosos fans que aprovechaban la mínima ocasión para chillar, aplaudir y demostrar su pasión por los personajes, sin el más mínimo respeto por los espectadores que intentábamos ver la proyección. Realmente, las novelas de Meyer parecían ideales para ser llevadas a la gran pantalla, pues a menudo recuerdan más al típico guión de teleserie americana que al concepto clásico de literatura.

Sin embargo, ese concepto cada día se encuentra más difuso, encontrándonos como nos encontramos en la era del best-seller. ¿Realmente se puede considerar literatura a los miles de libros escritos con el simple fin comercial, que desde su nacimiento ya van dirigidos a un público masivo?

Actualmente nos encontramos con tres grandes tendencias dentro del best-seller. La más exitosa es, sin duda alguna, la de literatura fantástica, en la que se podría incluir la saga de "Crepúsculo", "Harry Potter" y los cientos de herederos de JRR Tolkien: la trilogía de "Eragon", "Las Crónicas de Narnia", "Memorias de Idhún" e incluso la interminable saga de "Dragonlance". Esta tendencia comenzó a popularizarse cuando El Señor de los Anillos fue llevado a la gran pantalla, comenzando así una auténtica subcultura en torno al fantástico mundo de Tolkien. Principalmente, estas sagas van dirigidas a un público adolescente o juvenil, pero cada vez son más los adultos que disfrutan intensamente de ellas.

Otra gran tendencia, increíblemente arrasadora en su día y que actualmente se haya en declive, es la novela histórica-arqueológica. Los argumentos son similares: un descubrimiento que puede cambiar el rumbo de la Historia, generalmente relacionado con la religión católica, que prueba la falsedad de alguno de sus mitos más tradicionales; siendo una obra artística célebre la que pone en pista a los investigadores. Sectas antiguas, documentos secretos, iglesias famosas… Lo que comenzó con "El código Da Vinci", de Dan Brown, se acabó convirtiendo en un fenómeno social con tramas en muchos casos carentes de originalidad, y títulos tales como "El último catón", "El Club Dante", "La hermandad de la Sábana Santa", "La Biblia de Barro", "El último merovingio", "Ángeles y demonios"…

Hay un tercer tema recurrente en lo que se refiere a best-sellers, que está empezando a alcanzar su auge desde hace algunos meses. Esta última tendencia se encuentra más camuflada, más alejada de nuestra posible visión del best-seller. Tiene un componente más sensible, más romántico. El argumento gira en torno a un escritor fracasado y anónimo, o en su defecto a una obra inédita de un autor que revela su historia secreta, generalmente dramática y sorprendente. Siempre es otra persona la que va siguiendo los pasos del escritor, y a menudo las experiencias vitales de este se repiten en la vida del protagonista. Me atrevería a afirmar que fue "La sombra del viento" (Carlos Ruiz Zafón) la que abrió las puertas a estos temas, siendo seguida por "La ladrona de libros", "El cuento número trece", "El juego del ángel" (la pésima segunda parte de La sombra del viento), "El ladrón de arte"… y tantos y tantos otros, con títulos semejantes.


Se abren foros de fans de una novela, se fabrica todo tipo de productos basados en ella, la gente se disfraza de los personajes para ir al estreno de las películas, de repente todo el mundo se interesa por la Gioconda, o por la Divina Comedia, y ya hay tema de conversación para unos cuantos meses. En este panorama, quien se atreva a leer algo que no esté de moda es tachado de bicho raro o intelectual sin remedio.

No soy quién para criticar a la gente que lee best-sellers o se considera fan de alguna saga; yo misma me he leído la mayoría de los libros mencionados y me declaro Pottermaníaca al 100% (al menos, hasta que se publicó el último y frustrante libro), y sitúo "La sombra del viento" como una de mis novelas favoritas. Pero no me limito a estas lecturas, sino que abro horizontes más allá. Simplemente me entristece que grandes títulos y grandes autores sean hoy rechazados por la juventud. ¿Qué pasa con los maestros: García Lorca, Luis Cernuda, Alberti, Caballero Bonald, Unamuno, Oscar Wilde, Agatha Christie, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Dostoyevski, Galdós…? ¿Y qué hay de los nuevos autores que buscan encontrar un sitio en el mundo literario pero no persiguen la fórmula de fabricar libros al peso? Todos eclipsados por el best-seller.

No podemos dejarnos llevar ciegamente por las modas y olvidar el verdadero significado de la Literatura, que se remonta a siglos atrás. No podemos llamarnos a nosotros mismos lectores sin haber experimentado a los grandes, sin tener al menos una opinión –positiva o negativa- sobre su modo de escribir. Las modas pasan, y el negocio de los libros continúa su avance inexorable. Pero los grandes, los verdaderos escritores, han logrado ocupar un hueco en la Historia. Qué menos que un simple reconocimiento a su trabajo. Cuesta lo que cuesta abrir un libro.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Ceci n'est pas un hommage...


Quién no ha visto alguna vez al misterioso hombre con traje y sombrero oscuros, cuyo rostro queda siempre oculto por una manzana, una paloma, un espejo que no ofrece el verdadero reflejo o, simplemente, porque se encuentra de espaldas. El mismo hombre al que le salen alas negras en la famosa pintura “El mal de la ausencia”, o aquel que se difumina en gotas de lluvia con forma de hombrecillos en “Golconda”.

Ese hombre no es otro que el propio René Magritte, célebre pintor surrealista belga de cuyo nacimiento hoy se cumplen 110 años. Inspirado por la obra de Giorgio de Chirico, otro famoso pintor surrealista, Magritte se interna en este movimiento, que tuvo su auge a finales de los años 20 en París. Allí conoce al resto de surrealistas: Paul Éluard, André Breton, Salvador Dalí, Joan Miró…

Al contrario que en las pinturas de Dalí, Magritte no utiliza el surrealismo para expresar sus temores y obsesiones íntimas, sino que introduce el realismo mágico y crea un confuso mundo en el que nada es lo que parece. Magritte hace estallar la realidad como el cristal de la ventana de su obra “La clé du champs”, en la que el propio reflejo del paisaje se hace añicos en el suelo. Espejos que no reflejan el rostro, un ojo que encierra el cielo, una nube que cabe en una inmensa copa, un castillo que desafía a la ley de la gravedad, dos amantes que se besan con sendos paños cubriendo sus rostros. La realidad no es siempre lo que vemos, y las ilusiones ópticas son frecuentes. Magritte lo expresó en su obra “La traición de las imágenes”, en la que bajo el dibujo de una pipa se puede leer: Ceci n’est pas une pipe. Y realmente no es una pipa, sino la reproducción de una pipa. El pintor se burla de nuestro propio asombro de modo irónico, sagaz, agudo. ¿La realidad es lo que vemos o solo lo que nos parece ver? Llegados a este punto, cómo olvidar el célebre Mito de la caverna, de Platón, en el que lo que creemos realidad no es más que el reflejo del “Mundo de las ideas”, ese al que solo las almas pueden ascender…
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Misterios del surrealismo, en el que nada es lo que parece.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Ironías


Estos últimos meses, las polémicas sobre Federico García Lorca se suceden. En primer lugar, la exhumación del barranco de Alfacar donde supuestamente descansan sus restos –fijada por el juez Garzón para los días entre el 15 y el 18 de noviembre- ha sido paralizada. La familia del poeta no está dispuesta a dar su brazo a torcer tan fácilmente, y los familiares de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí –el maestro y el banderillero que fueron fusilados junto a Federico- tendrán que seguir reuniendo paciencia antes de recuperar los restos de sus seres queridos. Los descendientes de García Lorca solo han conseguido aplazar algo que se tendrá que llevar a cabo indefectiblemente, tarde o temprano. ¿Por qué retrasar lo inevitable? Los familiares del maestro y del banderillero ya han esperado suficiente.


Por otra parte, en las últimas semanas se ha venido desarrollando un llamativo caso de ignorancia mezclada con cinismo. Ha ocurrido en la Universidad de Granada, donde el poeta Luis García Montero (fotografía adjunta) imparte una asignatura sobre García Lorca. Otro profesor de la misma universidad, José Antonio Fortes, se dedicaba a predicar en sus clases barbaridades tan inmensas como que García Lorca era fascista y Francisco Ayala un aliado del fascismo. También criticaba a García Montero. Este procedió a publicar en El País un artículo que señalaba la tremenda falsedad de las afirmaciones de Fortes, al que calificó de profesor perturbado; lo cual le sirvió para que el aludido le denunciara por injurias graves. García Montero ha sido condenado a una multa por defender la dignidad de dos grandes escritores, y la suya propia.

Después de oír todo esto, nos asalta una duda principal: ¿cómo es posible que alguien pueda llegar a ser tan ignorante para hacer tales declaraciones sobre Lorca o Ayala? No se puede poseer unos mínimos conceptos históricos y afirmar que un poeta asesinado por el franquismo era fascista. Es más, resulta un insulto a la memoria de Federico. Él, que se declaraba del partido de los pobres, que celebró la llegada de la República, que defendió los intereses de los más necesitados, que describió las tragedias de las clases populares de Andalucía en su “Romancero gitano”. Cierto es que Federico procedía de una de las familias más ricas de Fuentevaqueros, su pueblo natal; y que lo más sencillo para él hubiera sido tener ideología de derechas. Pero su sensibilidad era más fuerte, y desde su juventud siempre se puso de parte de los pobres. Federico eligió el camino difícil, el camino que le llevó a una muerte estremecedora. Un tiempo antes de su fusilamiento, declaró que En Granada se encontraba la peor burguesía de España. Una declaración que los falangistas usaron como principal excusa para su asesinato, junto con su firma en diversos manifiestos comunistas. El 18 de agosto de 1936 Federico García Lorca fue asesinado por la Falange de Granada, después de sufrir en la cárcel diversas torturas. De nada sirvió la petición de clemencia de su amigo, el también poeta Luis Rosales, miembro de la Falange. El general franquista Queipo de Llanos respondió con la célebre y escalofriante frase Dadle café, mucho café, que sentenció al poeta. Y más tremenda resulta aún la declaración de uno de los asesinos de Lorca, que el mismo día de fusilarlo afirmó: Le he metido dos tiros en el culo por maricón. Se nos hiela la sangre al pensar en todo lo que Lorca debió sufrir por defender su ideología, por su forma de pensar; y no podemos evitar indignarnos ante los comentarios de cualquier ignorante que no conoce ni la historia de su propio país.

Y qué decir de Francisco Ayala, exiliado desde el triunfo del franquismo hasta 1960. Cualquier comentario sobra. Visto así, las palabras de este tal Fortes resultan una triste ironía que atenta no solo contra la memoria de dos grandes escritores, sino contra la dignidad de todo un pueblo que sufrió la represión franquista. Qué daño pueden hacer a veces este tipo de ironías. García Montero se merece todo mi apoyo.

viernes, 17 de octubre de 2008

"gallo" cumple 100 años


Hasta el 30 de noviembre, la Residencia de Estudiantes abre sus puertas para ofrecernos una interesante exposición en torno a gallo, la revista granadina fundada en 1928 por el mismísimo Federico García Lorca, junto a otras personalidades tan célebres como Salvador Dalí, que fue el encargado de dibujar el membrete para la papelería de la revista. Además de las colaboraciones de Dalí, participaron numerosos poetas de la Generación del 27 como José Bergamín, Jorge Guillén, Francisco Ayala o Melchor Fernández Almagro. Es interesante también descubrir en el segundo número un fragmento de la novela que Francisco, el hermano de Federico; nunca llegó a terminar.

Las colaboraciones de la revista abogaban por un nuevo tipo de Arte, por dejar atrás las convenciones ya caducas por las que se movían los putrefactos de Dalí. Destaca el Manifiesto Antiartístico editado en el segundo número, que causó verdadera polémica entre sus autores (Salvador Dalí, Sebastià Gasch y Lluís Montanyà) y otros célebres poetas como Pedro Salinas, al que le resultaba inadmisible. En el Manifiesto se defendían los presupuestos estéticos del antiarte, la poética de la modernidad, el maquinismo, los productos estandarizados, las artes industriales como la fotografía o el cine, la música de jazz, los deportes, etc., frente a las ideas de lo artístico y la belleza heredadas de la tradición.

La revista solo vio editados dos números, porque a pesar de proyectarse el tercero García Lorca había perdido interés, y las constantes insistencias de sus amigos en Granada para que les enviara nuevos escritos fueron en vano. Federico cosechaba por entonces el brutal éxito de su Romancero Gitano, y además se hallaba inmerso en una crisis sentimental a raíz de la relación con el escultor Emilio Aladrén. Y al verse privada del espíritu lorquiano que la mantenía a flote, la revista gallo no llegó a editar su tercer número. A pesar de ello, gozó de gran fama durante su fugaz vida, saliendo a la luz Pavo, otra revista que representaba una crítica burlesca, detrás de la cual estaba el propio Lorca. En Orihuela, el ultracatólico Ramón Sijé fundó otra réplica: El Gallo Crisis, de argumentos conservaduristas totalmente opuestos al gallo lorquiano.


Asistí a esta exposición el pasado lunes 13 de octubre, y quedé bastante admirada, puesto que no solo se exponen las ediciones de la revista gallo y los textos que en ella se incluyen, sino también numerosos manuscritos originales, cartas personales, ediciones de revistas literarias tan importantes como Mediodía o Litoral, fotografías de la época, cuadros de Picasso, Dalí, Ismael Gómez de la Serna, Manuel Ángelez Ortiz, etc.; dibujos del propio Lorca y de Dalí (sí, los famosos putrefactos en vivo y en directo)… Todo ello en un lugar que aún destila los ecos de aquellas alegres reuniones de intelectuales: los improvisados conciertos de piano de Federico, las graciosas ocurrencias de Pepín Bello, el juego de los anaglifos, la Sagrada Orden de Toledo de Luis Buñuel, el joven Dalí antes de corromperse, y tantos y tantos sueños compartidos sobre la que Juan Ramón Jiménez llamó La Colina de los Chopos.



[...] Hemos celebrado la ascensión del gallo al título de esta revista haciéndole bordar cuatro gallinas de seda rutilantes, para que su pico guste ardiente fruta de zigzag en la evocadora madrugada oscura de la imprenta. Mientras mis amigos aplaudían, yo escuchaba emocionado la sonrisa de don Alhambro, que me llegaba envuelta en el denso algodón en tronco de la sepultura.

Canta, gallo, regallo y contragallo.

Canta seguro bajo tu sombrerito de llamas, porque una de tus gallinas puede ser muy bien la gallina de los huevos de oro.



Federico García Lorca, "Historia de este gallo"

domingo, 28 de septiembre de 2008

The time is gone, the song is over...



El pasado lunes 15 de septiembre de 2008 falleció a los 65 años de edad, víctima de un cáncer, el compositor y teclista británico Richard Wright, conocido por ser el teclista y uno de los miembros fundadores de los legendarios Pink Floyd. Es mi deber dedicar unas líneas a hablar del legado musical de la que posiblemente sea la banda de rock más influyente de todos los tiempos. He elegido esta foto, la ilustración de PULSE, el DVD de la última gira de la banda antes de su reunión para el Live 8 en 2005, porque creo que resume bastante bien la música y el estilo del grupo.

Habrá quien diga que no le gusta Pink Floyd porque su música le parezca deshumanizada, o no le transmita sentimientos, o simplemente “le suene raro”. Está claro que se trata de una banda diferente de todas las de su tiempo y que aún hoy conserva su singularidad. Y eso es porque Pink Floyd rompió con la tradición musical de la época, revolucionando no solo el aspecto puramente estético, sino también las letras, textos profundos y con abundantes metáforas e imágenes que no se limitan a hablar de amor, sino que tratan temas que van mucho más allá, desde contenidos sociales (Another brick in the wall, Money) hasta cuestiones filosóficas como la memoria o el paso del tiempo (Time, Comfortably numb) que, unidos a las melodías innovadoras y misteriosas del teclado de Rick Wright, a la guitarra de David Gilmour (que no es tocada, sino que habla), y a los más impresionantes efectos de sonido, consiguen crear una música grandiosa y astral, que juega con pausas, largos silencios, cambios de compás y solos tremendamente expresivos al ritmo de la batería de Nick Mason para crear en el oyente una sensación que solo se puede experimentar escuchándolos a ellos. Y si a todo esto unimos las discretas pero profundas voces de Gilmour, Roger Waters (cuyo bajo es sencillamente genial) y del malogrado Syd Barrett, el resultado es un sonido que todavía no ha podido ser superado por nadie, y que nunca pasará de moda, sino que nos acompañará durante toda la vida. Su música no transmite sentimientos simplemente; evoca imágenes, recuerdos, fenómenos de la naturaleza o a veces, como es el caso del tema Echoes, nuestra propia vida: el pasado, el presente y el futuro.

En todas sus etapas, desde los psicodélicos años sesenta en los que, bajo la influencia de Barrett, crearon el álbum más representativo del rock psicodélico (The Piper at the Gates of Dawn, 1967) hasta el rock progresivo de los últimos tiempos, marcado entre otras cosas por la salida de Syd Barrett (a quien dedican Shine on You Crazy Diamond) y sus problemas con las drogas (concretamente con la LSD), han sido fieles a su particular estilo musical, y seguirán presentes en la historia de la música, ya que la página más brillante de los últimos cincuenta años la han escrito ellos.

Sí, el tiempo se ha ido; pero la canción nunca se acabará.
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Autor: Juan